Decir que no…
He estado alejada de este blog exactamente un mes y 5 días. No porque no quisiera escribir o porque hubiese sufrido el horrendo trauma de la página en blanco sino porque he estado cerrando cosas este mes. Antes hacía muchas cosas a la vez y las hacía porque me había comprometido, porque no se decir que no, porque me metía en cuanta actividad extracurricular encontraba para ver si de una buena vez, hallaba mi verdadera vocación. Esas actividades hacían que me fuese quedando sin vida a lo largo del proceso. Al final, cumplía la tarea pero a un costo tan alto que lo que hacía, por más que inicialmente lo hubiese disfrutado, buscado o incluso anhelado, luego se convertía en una obligación, en un tedio espantoso que hacía que yo contara los días que faltaban para el término.
Por eso desaparecí este mes. Estoy aprendiendo a decir que no. A establecer prioridades. A escucharme y a darme cuenta que soy mejor y más productiva cuando me concentro en 2 o 3 actividades por vez… como máximo pero también como mínimo. Sino muero de aburrimiento. Les parecerán muchas pero antes hacía entre 7 y 10 cosas a la vez. Por ello, este mes prioricé terminar bien mi taller de teatro, terminar bien mis exámenes finales en la universidad y cerrar bien los cursos que dicto en otra universidad. Checklist concluido.
Ahora, mi cerebro necesita un descanso. Por ello, esta semana serán mis vacaciones cerebrales. Sólo veré películas, leeré cosas que hace tiempo quiero y no puedo leer por tiempo, compraré los regalos de navidad que me faltan pero sobretodo, miraré el techo como una lagartija esperando ver cómo la pelusa del techo, que no he limpiado durante todos estos meses, va volando con los hilos de viento que entran por ella. Y soñaré. Y volveré a decir que no.